Campeón del mundo, escalar el Everest.

¡Quiero ser el campeón del mundo, escalar el Everest en pantalón corto, ganar en mil combates… ir más allá de los límites de un ser humano normal!

Sueños de grandeza y superación que se trasforman en el sentido y dirección de toda una vida.

Ser el campeón del mundo, escalar el Everest…

Toda una sociedad, con su sistema de objetivos y logros, con su exaltación del esfuerzo y el sufrimiento, encumbrará a la persona que logre esos objetivos imposibles. Muchos no aportan gran cosa a la humanidad excepto ejemplo y motivación. Ejemplo de éxito en una manera de ver la vida que no, necesariamente, lleva a una existencia más plena.

¿Qué lleva a esas personas a luchar por logros extraordinarios?

Esos logros requieren un gran valor. Ser campeón del mundo, escalar el Everest, ganar en mil combates, correr una ultramaratón, bajar a los abismos del océano… Valor de arriesgar toda una vida en unos objetivos inciertos. Valor de poner tu vida en peligro.

Requiere también fuerza, voluntad, constancia.

Fuerza no sólo por el esfuerzo y la disciplina requerida, sino por el estilo de vida que puede suponer una separación del resto de las personas de su entorno.

Una renuncia a los pequeños placeres de la vida a cambio de un placer mayor pero, que en realidad, puede que nunca llegue o no sea tan grande (al fin y al cabo es una idealización proyectada al futuro).

Pero el sufrimiento tiene su recompensa… presupuesto que tenemos grabado a fuego en nuestra cultura de raiz judeocristiana.

Está claro, que esa persona persigue la fuerza y el valor y su logro, no es más que la confirmación de que posee esos valores.

¿De quien estoy hablando?

Antes de continuar debo decir que no estoy generalizando ni psicoanalizando a una parte de la población.

Muchos dirán ¡habla por ti, no generalices!

Y efectivamente, tienen razón.

¿De quién más podría escribir?

Escribo de mí y para mí. Es un esfuerzo de reflexión e introspección, parte de mi camino.

Un esfuerzo por ir al origen real de mis sueños y anhelos. Por desenmascarar al todopoderoso ego y abrirme a la vida.

Si bien es cierto, que todas las personas compartimos procesos similares y es posible, que alguien se pueda identificar con mis escritos.

Valor y fuerza.

Valor, fuerza. Grandes valores pero como todos, verdaderas cadenas que pueden aprisionarte toda una vida.

Ser campeón del mundo, escalar el Everest… ¿dónde comienza?

Todo empieza en un niño.

Sólo necesita amor. Es una necesidad vital, de pura supervivencia. Lo necesita de forma desesperada.

La forma como se relacione con esa necesidad y el cómo se lo expresen sus padres, puede configurar toda su vida.

Y es siempre una relación problemática. No es necesario que se encuentre en una familia desestructurada o carente de cariño para que el niño experimente miedos y carencias.

Los padres son seres humanos con sus limitaciones y además, están inmersos en una cultura compleja que confunde amor con exigencias, donde la expresión plena y desinteresada de amor siempre se percibe como peligrosa.

De ese malentendido (a veces hay ausencia real de amor, pero no tiene por qué), crece un niño cobarde. En realidad, no hay seres humanos cobardes. Simplemente hay personas que se perciben como tal. Pero en fin, nuestra percepción genera nuestra realidad.

Como supera esa cobardía.

El niño se percibe como cobarde en un entorno donde el valor es una gran virtud. Quiere ser valiente pero es muy duro.

Debería enfrentarse a sus padres, lo que pondría en peligro su amor (seguramente no, pero recuerda que hablamos de la percepción infantil).

Va creciendo, y el valor lo necesitaría para enfrentarse a su propio ego. Mirar a la cara de sus padres ahora interiorizados en su personalidad y ser capaz en primer lugar de confrontar, luego aceptar y finalmente perdonar.

Y mientras no lo haga, se percibirá siempre como un cobarde.

¿Cómo no percibirse como un cobarde sin realmente enfrentarse a su verdadero demonio?

Podríamos decir que repitiéndose a sí mismo que es fuerte y valiente. Pero es poco convincente.

¿Pero y si se lo repiten los demás? ¿Si los demás lo ven como alguien extremadamente fuerte y valiente?.

Eso es algo más convincente.

Para eso tiene que hacer cosas imposibles para los demás. Logros que sólo personas cercanas a la condición de dioses pueden lograr…

Y se convierte en el sentido de su vida.

Y la vida se convierte en lucha. La lucha le hace olvidar. En el fondo es una situación más cómoda.

Además, el enfrentamiento constante al dolor y la necesidad de evadirlo, el esfuerzo, la privación de elementos sociales, o incluso cierto complejo de superioridad respecto a aquellos no no son capaces de hacer todo esto, le van lentamente insensibilizando. Alejando cada vez más de su mundo interior. Lo que en principio le gusta, pues precisamente estaba huyendo de ello.

Pero no deja de ser un engaño. Podrá llegar a ser campeón del mundo, subir el Everest en pantalón corto, triunfar en mil combates, y obtener el reconocimiento de todo el planeta… Pero seguirá sin enfrentar la causa de su miedo. Se seguirá viendo un cobarde.

¿Y la vida sin sentido?

Esa lucha le da sentido a su vida. Dirección, meta.

Llega incluso a sentir pena por aquellos que viven sin sentido vital.

Pero no se da cuenta de que en realidad, una vida con sentido o meta no es una vida plena. Es una vida pospuesta al logro de esa meta, que es en realidad una fantasía.

Lo único que anhelamos es amor.

En realidad, el que necesita realizar un logro sobrehumano para sentirse merecedor de amor (incluso amor propio) realmente es alguien que sufre. Alguien que ha encerrado su sufrimiento en capas de esfuerzo, músculo, y halagos de los demás. Alguien que vive en la fantasía de su fuerza que en realidad, el mismo sabe que no es real.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Antonio albons

    Excelente artículo.

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