¿Existe el Qi?

¿Existe el Qi?. ¿Existen los canales de energía?. ¿Existe realmente el Suan-Jiao”?… Cada vez que me hacen este tipo de preguntas en las clases de tai chi o kung fu respondo: “Cuando hago Tai-Chi, sí “.

Cuando hago Tai-Chi, existe el Qi.

Existe el Qi

¿Por qué existe el Qi cuando hago Tai Chi?

El Qi, y los presupuestos de la medicina tradicional china, constituyen la base epistemológica de todas las artes marciales chinas (y casi todas las orientales). Las llamadas artes marciales internas no se sostienen fuera de este paradigma y las externas, si salen, sufren un cambio que influye drásticamente en su esencia. De hecho, estos cambios ya se están produciendo.

Si no existe el Qi, no hay Tai Chi ni kung Fu, por lo menos como lo entendemos.

Artes marciales y pensamiento oriental.

Las artes marciales de oriente están ligadas a una forma de entender al cuerpo humano y al universo.

¿Cómo se originaría esta unión?

Los sistemas de lucha, como en todas partes, se crearían según principios prácticos, de ensayo y error. Con el tiempo se harían cada vez más complejos y sofisticados.

Con la intención de mejorarlos, de desarrollar una tecnología, los expertos empezarían a incorporar los elementos del pensamiento del momento. El desarrollo posterior estaría vinculado a esa forma de pensar, propiciando el desarrollo tanto de los sistemas de lucha como del propio sistema de pensamiento (al llevarlo a la práctica, también se actualiza).

Con el paso de los años, esa forma de ver el mundo impregna tanto cada técnica, cada movimiento del arte marcial, cada forma de entrenamiento, que es casi imposible comprenderlos desde otra perspectiva.

¿Pero y si esa forma de ver el mundo no fuera la correcta?.

Es la correcta… o no. Depende del ámbito donde la apliques.

Los conocimientos deben tener sobre todo una aplicación práctica. Y atendiendo a su funcionalidad, cada teoría, si funciona, es correcta en el contexto adecuado.

Si no funciona, lo inteligente es desecharla.

Y la visión oriental de las artes marciales e incluso la medicina, ha aportado elementos muy prácticos.

¿La funcionalidad justifica la existencia objetiva de un fenómeno o la infalibilidad de una teoría?

No. Pero estamos, casi sin darnos cuenta, cambiando a otro ámbito.

Nos desplazamos al ámbito de la ciencia. La ciencia pura, no la tecnología. La ciencia que trata de comprender el universo por mediación de su método hipotético deductivo.

La visión oriental del universo no nació en el seno de este método, por lo tanto no es científica.

Si me vuelven a preguntar ¿Existe el Qi?… mi respuesta sería “Mientras hago Tai Chi, sí”. Pero si me preguntan desde el ámbito de la ciencia occidental, desde mi humilde formación científica, sólo puedo mostrar escepticismo.

Ese escepticismo está bien. Lejos de ser negacionista, es el motor que impulsa el avance de la ciencia occidental. La ciencia occidental adolece de muchas carencias. No tiene la poesía ni la sencillez de otras formas de pensamiento. Pero ese escepticismo natural de su método supone su gran aportación a la humanidad y una fuente de continuo progreso.

Si no es una realidad científica ¿hay que descartarlo?.

Volvemos al mismo punto.

No es inteligente descartar algo que es práctico.

En la propia ciencia occidental tenemos un ejemplo muy claro en la física de Newton.

La física de Newton no ofrece actualmente una explicación correcta del Universo. Los avances en física cuántica, hace que el modelo mecanicista ya no sea viable en la nueva interpretación del mundo (interpretación, no obstante, aún muy incompleta desde el punto de la ciencia).

Pero los errores de cálculo en la física de Newton son tan despreciables cuando nos referimos a fenómenos macroscópicos (de la vida cotidiana), que la hacen perfectamente útil. Utilidad que reside tanto en su fiabilidad matemática como en su sencillez. ¡No sería lógico emplear cálculos de física cuántica para diseñar un puente!. Por lo tanto, se sigue enseñando y empleando.

Lo útil aquí se impone sobre lo que “teóricamente correcto”. Pero el científico, que busca mucho más que la utilidad, sigue investigando en los derroteros actuales de la física.

El problema de la ciencia.

La ciencia en sí no tiene ningún problema.

El científico es escéptico porque es parte de su método. Pero como ser humano, también es práctico y es capaz de adoptar otros paradigmas de pensamiento en su vida cotidiana.

El problema está realmente en la percepción de ciencia del ciudadano común.

Un verdadero espíritu científico requiere de cierta capacidad de asombro ante la inseguridad y la grandiosidad de aquello que no sabemos. El ser humano medio quiere, por el contrario, la seguridad y determinación que le ofrece la religión y los mitos. Cuando, con el correr de los tiempos, la ciencia sustituye en el inconsciente colectivo ese lugar que no le corresponde (el de la religión), surge un monstruo que, realmente, no es ciencia. El escepticismo se convierte en negacionismo y los “expertos”, dejan de ser científicos para ser portadores del argumento de autoridad antes depositado en los sacerdotes.

Hoy, para la mayoría, todo lo que no proceda de un ambiente científico no tiene validez. O, como reacción, otros afirmarán que sólo lo antiguo vale. De ahí que haya tanto esfuerzo es usar la jerga de los círculos científicos para explicar aspectos de la vida ajenos totalmente a la ciencia actual (que si “evolución espiritual”, “pensamiento cuántico”, “energía”, “elevar las vibraciones”…).

Sólo las personas con una formación científica real, tienen en lujo de transitar por la verdadera ciencia y a la vez, por otros paradigmas distintos de pensamiento.

Volvemos al paradigma oriental.

¿Existe el Qi?

La artes marciales chinas han crecido durante tantos años en el seno de un paradigma de pensamiento, que si lo cambiamos, definitivamente morirían.

Y detrás de ese paradigma no hay sólo una eficacia probada, sino elementos culturales y sociales que las hacen muy valiosas.

Una revisión de todas las técnicas y formas de entrenar de las artes marciales orientales desde una perspectiva occidental, las transformaría hasta el punto de perder su indentidad: Muchas técnicas se cambiarían y otras (incluídas formas de entrenamiento) se eliminarían al no conocer su utilidad desde el nuevo paradigma.

Hay muchas formas de entrenamiento de las artes tradicionales, que desde el punto de las ciencias de la educación física moderna no tienen sentido: Estar mucho tiempo en la posición del jinete, sin más utilidad que un fortalecimiento inespecífico de las piernas; el endurecimiento tal y como se concibe en el Qigong, que ha pasado a ser un ejercicio de autolesión; los movimientos suaves de la artes marciales internas… El avance de esta ciencia joven hace que mucho de los ejercicios antiguos se recuperen (cuando se aplican nuevos conceptos como propiocepción…), pero una mente “científica” (en el mal uso del término), no se puede aprovechar de toda la experiencia humana hasta que el filtro de su idolatrada ciencia no le de luz verde.

El eliminar una forma de pensamiento, es un atentado contra un patrimonio de la humanidad.

Pero, hablando de artes marciales, ¿es útil toda esa filosofía?

Todo marco conceptual es útil, pues permite seguir avanzando y construir un sistema coherente.

Pero la utilidad nace de la práctica.

Los procesos inversos, primero la teoría y luego la práctica, suelen fallar. Incluso en la ciencia actual (sólo en las ciencias puras, se puede hablar de la aplicación rigurosa y eficaz del método científico. En las demás áreas de las vida, incluidas las ciencias sociales, que demuestran continuamente su ineficacia).

Todo arte marcial que se desligue de su realidad práctica (el combate), perderá eficacia.

Es el motivo fundamental por el que vemos artistas marciales tradicionales que fracasan en combates contra deportistas modernos.

Todo lo que se desliga de la práctica pierde eficacia, igual da que se fundamente en filosofías ancestrales o en los últimos descubrimientos científicos.

Entonces las artes marciales tradicionales no deben progresar…

En mi opinión no.

Los que deben progresar son los practicantes y el panorama marcial general.

El problema que hemos acusado en nuestro mundillo es la sacralización de los sistemas marciales hasta el punto que se humanizan o, peor aún, se endiosan. Están por encima de los practicantes. De ahí el debate en si deben progresar o respetar a modo de religión.

Pero no debería ser así. Los estilos, como producciones humanas, están al servicio del ser humano. Si han demostrado su utilidad se deben preservar para que las generaciones futuras los puedan aprovechar. Es el practicante, el que debe evolucionar.

Si como practicante de un estilo de kung fu tradicional, en nombre de la modernidad y la eficacia lo cambio desde su base, el estilo se pierde.

Un estilo, que es una huella de una forma de pensar diferente a la actual se debe preservar. Igual que en un futuro, se preservarán las producciones presentes que valgan la pena preservar.

Cuando hago artes marciales chinas, quiero conocer esa perspectiva distinta. Aprender sus técnicas y formas de ver la vida y el universo. No quiero un mero vestigio de lo antiguo pasado por el filtro del pensamiento presente.

Eso no signifique que esté cerrado a las ideas actuales. Sino todo lo contrario.

Tengo acceso a la modernidad y a lo antiguo. Soy capaz de operar con dos sistemas de pensamiento (o más).

Las artes marciales, antiguas, modernas, deportivas, espirituales… están al servicio de los practicantes y no al revés.

Son los practicantes los que progresan y evolucionan, no sus sistemas. Y para esto, a mayor cantidad de paradigmas, sistemas, e información de calidad a su alcance, mejor.

En el arte tenemos un ejemplo:

La pintura evoluciona y cada vez hay manifestaciones nuevas. Pero el artista, en su aprendizaje, puede acceder a cualquier estilo y aprender sus bases porque ¡no se han perdido en nombre de la evolución!

El aprendizaje superficial, el peor enemigo.

Pero no es el desconocimiento el peor enemigo en la conservación de un patrimonio cultural, filosófico y técnico como son las artes marciales tradicionales.

El peor enemigo es el conocimiento superficial cuya, verdadera misión, es asimilar todo un sistema a la forma de pensar del momento.

Cuando todas las técnicas y métodos de entrenamientos son forzadas a verse según los parámetros actuales en un intento de entenderlas sin cambiar de perspectiva… es el inicio de la pérdida.

Tenemos ejemplos muy claros de este proceso de todos los sistemas orientales:

  • Cuando reducimos los efectos del Qigong a una gimnasia suave.
  • Si interpretamos los ejercicios de endurecimiento como un proceso fisiológico de lesión-supercompensación.
  • Al hablamos de placebo para explicar los efectos de lo que no comprendemos.
  • Cuando interpretamos sus métodos de entrenamiento desde la perspectiva de las cualidades físicas.
  • Cada vez que dudamos si existe el Qi con la intención de entender el arte desde una visión moderna.

¡Todo esto no es necesario!

Lo tenemos al alcance en otros sistemas.

Estudiemos las artes marciales tradicionales tal y como son (hoy ya no es fácil). Y profundicemos, si nos gusta.

Enriquecerá nuestra visión actual del mundo y de las artes marciales (a la que no tenemos por qué renunciar).

No permitamos, en nombre de una evolución mal entendida, un constante proceso de reinvención. La cultura es el equilibrio entre la conservación y la reinvención.

Y vuelvo a insistir…

Cuando hago Kung Fu… si exite el Qi.

caminando hacia la libertad

Consigue el libro del autor del blog.

Claves para transitar desde el sentimiento antisistema hacia una espiritualidad íntima y personal.

En E-book o tapa blanda.

Sigue este enlace.

“Caminando a la libertad” (en amazon.es)

“Caminando a la libertad” (en amazon.com)

Deja una respuesta