Kung Fu y realidad

Kung Fu y realidad

Kung Fu y realidad son dos términos que parece que últimamente no se relacionan bien. ¿Qué está ocurriendo? ¿Tiene alguna base esta pérdida de credibilidad que está teniendo la que se consideraba “la madre de las artes marciales de oriente?

El Kung fu y la realidad, una relación siempre confusa.

Desde los años setenta, el cine de Hong kong nos bombardeó con películas de kung fu de hazañas imposibles y habilidades sobrehumanas. Era tal su falta de realismo, que cuando veíamos a las protagonizadas por Bruce Lee, nos parecían ajustadas a la realidad.

Bruce Lee no hacía saltos de dos metros ni mostraba peleas que parecían “formas por parejas “. Nos hacía vibrar de emoción y soñábamos en ser tan eficaces como él. No obstante, aunque no lo parecía, también mostraba imposibles: Dar una paliza a todos los miembros a la vez de una escuela de karate (“Fist of fury”), pelear con más de diez personas a la vez y ¡apenas recibir golpes! (“The big boss”), o con todo un ejército de matones (“Enter de dragon”).

Además el kung fu está ligado a un misticismo, a un misterio. Se alimenta de conceptos de la cultura china (Qi, Wu-wey…) que, si bien han sido malentendidos en occidente, tampoco ha habido un esfuerzo por parte de un sector del kung Fu por aclarar en nombre de la rentabilidad que da una leyenda mágica.

Los orígenes de todos los estilos están narrados con elementos fantásticos y poéticos. Muy bonitos. Útiles para explicar sus valores. Pero sin valor histórico real.

Todo esto hace que, hoy en día, con una comunidad marcial más madura, el kung fu parezca estar en un mundo entre la fantasía y la realidad.

¿Por qué este distanciamiento de la realidad?

En un principio, cuando no se difundía en occidente, la leyenda del kung fu surgiría sóla. Todo lo relacionado con el secretismo genera leyendas.

Al empezar a enseñarse a occidente, decidieron tomar una orientación distinta a las demás artes marciales que , a pesar de ser más modernas (Judo y Karate) se introdujeron antes al público occidental.

Los que veíamos la serie “kung fu” (la de David Carradine) sabrán a lo que me refiero. Esta serie tenía más que ver con la cultura Hippie y el New Age que las artes marciales en si.

Desde entonces “ha llovido mucho”.

El Karate vendía dureza y eficacia. Su orientación deportiva hizo que esto se cuestionara cada vez más lo que dio pie al surgimiento de deportes de combate con cada vez reglas más abiertas (desde el antiguo “full-contact” hasta las franquicias actuales de MMA).

El Kung Fu optó por el misticismo y el misterio. Es la “madre de las artes marciales” y la técnicamente más compleja. Conceptos como la “no-resistencia”, tienen aquí su origen y algunos estilos (los llamados “internos”) representan su máxima expresión. La eficacia la “dan por hecha”. Un maestro de kung fu tiene. dirían, unos conocimientos que lo ponen “en otro nivel”.

Esto sin embargo tiene un precio…

Kung fu, estatus, linajes, brujería…

Como ya podéis imaginar, esta visión del kung fu no ha sido beneficiosa.

El Kung Fu se asienta en unas estructuras tradicionales fuertemente arraigadas. Una de ellas es el “Linaje” puedes leer mi entrada al respecto “Mitos en el aprendizaje del Kung Fu”). Su función es preservar el estilo sin cambios a través de las generaciones.

Es una bonita tradición, pero mal entendida, es un freno a la evolución. Los tiempos cambian, ahora mucho más rápido que antes, y si no ponemos las tradiciones en su contexto, no son más que un freno.

Opino que es una tradición importante, una fuerza de carácter conservador que evita que el sistema se desintegre. El problema surge cuando se “sacraliza”. Cuando el poner el kung fu a nuestro servicio y someterlo a pruebas, análisis o comparaciones empieza a ser visto como una ofensa a tu linaje y antepasados. En los ambiente “espirituales” suele ser algo muy común.

Otro problema viene de su estructura vertical. Existe en todas las artes marciales (y en todas genera problemas) aunque en el kung fu es todavía ¡peor!. Un maestro de kung fu se convierte alguien muy poderoso, místico, con poderes psíquicos, consejero, etc.

Y siempre hay alguien que gusta cargar con ese estatus (posiblemente porque le renta social y económicamente).

Un baño de realidad.

Pero hace poco le tocó al kung fu un baño de realidad.

Un luchador de MMA, además no muy bueno (Xu Xiaodong) derrotó en pocos segundos a un maestro de Tai Chi.

Y ¡no hay escusas!. Era un maestro reconocido y muy habilidoso en su arte.

Después de él, han ido cayendo otros maestros de kung fu de otros estilos…

¿Por qué?. ¿No son maestros de verdad?

Pues si, lo son. Y algunos de ellos muy buenos.

¿Entonces qué les pasó?

Simplemente fueron víctimas del enorme sistema de fantasía y malentendidos que se creó en torno al kung fu.

Vivían en su nube de “maestros invencibles”, forjada por sus años de entrenamiento y toda una comunidad que se los avalaban.

Se habían sometido a un entrenamiento duro, pero con una eficacia avalada por los testimonios de las generaciones anteriores y no por su contacto con la realidad.

En una analogía con la natación, si entrenamos la técnica sin mojarnos, aunque sea la técnica correcta y probada por otros, posiblemente perdamos en una carrera con aquel que no aprendió la técnica pero que todos los días se baña en la piscina.

Para aprender a luchar hay que luchar (aunque sea deportivamente)

Te pone los pies en la Tierra. Te baja de la “la nube de los dioses taoistas” y te iguala a los demás. Es muy difícil pelear habitualmente y conservar el estatus de “gran maestro de kung fu”. Estoy seguro que si estos maestros hubieran tenido un contacto regular con el combate, simplemente no habrían aceptado el reto de un luchador diez o veinte años más joven.

¿Va a morir el kung fu?

El Kung fu aporta muchísimo a la comunidad marcial.

Es una fuente constante de técnicas e ideas marciales.

Forma parte de una forma distinta de entender al cuerpo humano y la vida.

Representa un patrimonio marcial, artístico y cultural enorme.

Un buen kung fu, realmente, enamora.

No va a desaparecer.

Obviamente está en crisis.

Una crisis que tarde o temprano tenía que pasar, pues todo lo que se divorcia de la realidad tarde o temprano cae.

Pero ahora tenemos la oportunidad de mostrar el verdadero kung fu. Un kung fu poético y romántico pero a la vez práctico.

Necesitamos maestros abiertos, dispuestos a investigar y sobre todo honestos.

Necesitamos la presencia del kung fu en los diferentes ámbitos marciales: Deportivos (recordad como el Karate volvió a recuperar credibilidad cuando Lyoto Machida triunfó en la MMA), policial, militar, incluso de la salud. Se evoluciona practicando y aplicando, no teorizando sobre las formas.

Estoy seguro que esto ocurrirá. De hecho ya hay maestros puestos en esto.

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