Ser antisistema y no morir en el intento

Ser antisistema es un sentimiento que todos en algún momento de la vida hemos tenido. No sabemos realmente de qué se trata ni cómo satisfacer ese sentir. Simplemente percibimos que no algo falla, que no estamos realmente a gusto y urge hacer algo.

Ser antisistema

¿Qué significa ser antisistema?.

En principio “ser antisistema” es una etiqueta más.

Frente a una insatisfacción vital, intentas encontrar una causa. Llegas a la conclusión de que hay algo por encima de nosotros que nos hace sentir que algo no va bien en nuestra vida ni en la de las personas de nuestro alrededor. Algo que nos hace sentir de que no somos dueños de nuestras vidas. Nos sentimos utilizados.

Ante ese sentimiento, empiezas a buscar causas. Sientes, casi con certeza, que estás inmerso en un “sistema” difícil de salir. Un engranaje del que todos formamos parte. Al oponerte a ello, te empiezas a denominar, o te denominan “antisistema”.

Ser antisistema. Aclarando el término.

Este apelativo requiere sin embargo aclaraciones.

En esta etiqueta está desde el bándalo iracundo que destruye todo lo que encuentra en nombre de cualquier ideología hasta el ermitaño que se aleja de todo en busca de la paz espiritual. Una etiqueta muchas veces utilizada de forma despectiva para asignar al “raro”, loco o al adepto a teorías conspirativas.

Pero antes de seguir, para evitar los problemas derivados del lenguaje, he de aclarar a lo que me refiero: Antisistema es aquel, que dándose cuenta de que algo falla en la estructura social, busca alternativas e intenta aplicarlas. En ese sentido, todos hemos sido alguna vez “antisistema”.

La diferencia viene en cómo afrontamos ese tentimiento y como lo implementa.

Desenmascarando el sistema.

Una vez que nos damos cuenta de que hay algo más que nos manipula y le llamamos “sistema”, debemos intentar identificarlo.

¿Es el sistema un conjunto de valores o creencias?

Los valores cambian constantemente a lo largo de la historia, aunque nuestra corta perspectiva vital no muestre otra cosa. Lo mismo pasa con las creencias, religiones, ideologías políticas…

Sin embargo la sensación de que hay algo que nos impide vivir con plenitud es una constante. De hecho siempre ha habido buscadores espirituales, verdaderos “antisistema”. Sin embargo, al morir, sus mensajes han sido asimilados por dicho sistema y en vez de disolverlo lo ha fortalecido.

Podemos decir, que con matices, el sistema ha sido siempre el mismo.

Si no son valores o creencias, ¿de qué se trata?

¿Qué es aquello que tienen en común todas las ideologías y creencias? ¿Qué ha sobrevivido a todas las revoluciones?. ¿Qué es aquello que hace que después de cientos de revoluciones y cambios, de caída de religiones y sistemas políticos sigamos sintiendo que hay un sistema que nos aplasta?. ¿Por qué ahora, que estamos en el momento de la historia con más libertades e información, tenemos más que nunca esta sensación?.

En mi opinión, pues llegados a este punto todo son especulaciones personales, hay varios aspectos fundamentales en el “verdadero” sistema:

1.- No es algo sólo externo. Lo tenemos interiorizado hasta el punto de que forma parte de nuestra identidad.

2.- Lo apreciamos profundamente. Sólo nos fijamos en los aspectos más superficiales (o que pueden cambiar sin afectar a su verdadera naturaleza). Su verdadera esencia está tan arraigada en nuestra mente que no queremos renunciar a ella… nos da seguridad aunque nos limite la vida. Para compensar esa esa contradicción de sentimiento “antisistema” y necesidad de él, nos conformamos con luchar contra aspectos más superficiales que aunque hagan del sistema más “llevadero”, no lo cambian.

3.- El sistema se alimenta de procedimientos, no de ideas. No es tanto el fin, sino el medio para conseguir ese fin. No es la creencia o la idea, sino la forma de imponerla.

El sistema como forma de dominación.

Si es cierto que todo sistema empezó como una forma de dominación de un pequeño grupo o élite sobre los demás.

La dominación está detrás del sistema y siempre lo estará.

Pero después de tantos siglos de historia, de tantos años de moldeamiento de la mente humana en este paradigma, no hace falta el recurrir a la existencia de una “élite internacional”, extraterrestres o conspiraciones varias. El sistema es dominación sí, dominación de unos políticos sobre la población, unos jefes sobre sus empleados, unos padres sobre sus hijos, unos maestros sobre sus alumnos, un género sobre el otro, unas empresas sobre otras, unos medios sobre otros… Y por supuesto, los medios que usamos para dominar que ¡no necesitamos aprender!. Nos hemos alimentado con ellos.

Necesitamos dominar porque tenemos miedo, porque desconfiamos y queremos tener control. Pero a la vez, eso nos hace controlables.

Por eso, todos y cada uno de nosotros, formamos parte de este sistema. Favorecemos su engranaje y tememos a aquel que se sale de verdad. No al revolucionario que simplemente pretende “cambiar” a los que están en la cúspide social del sistema, sino aquel que lo pone realmente en duda.

Ser del “sistema” tiene un precio.

Estar en el sistema nos da seguridad y sensación de control.

Pero se paga un alto precio:

  • El sistema se mueve por el odio y el miedo. Renunciamos a nuestra felicidad.
  • Nos volvemos manipulables.

¿Por qué afirmo que nos mueve el odio?

Hay dos motivaciones fundamentales para vivir: Amor u odio.

El odio es una motivación fuerte en la vida.

Cuando odias una situación, persona o circunstancia la intentas cambiar.

Todas las ideologías o creencias se han enfocado en el odio y sus secuaces (miedo y culpa) como método para conseguir sus objetivos de dominación.

Lo tenemos ahora tan interiorizado, que no nos damos cuenta de que el odio es el motor de nuestra vida. ¡El odio a nosotros mismos!. Nos han enseñado a odiarnos y nos han hecho creer que es amor.

Desde pequeños nos han dicho que debemos ser de otra manera:

  • Lo que sientes no es correcto. Debes sentir de otra manera.
  • Debes hacer algo para que tus padres te quieran (aunque no sea realmente así, esa es la percepción infantil). Los padres lo hacemos “por su bien”… lo han hecho con nosotros y creemos que es lo correcto.
  • En el sistema educativo es condicionamiento y “doma” (aprendes cosas que no te interesan a cambios del “caramelo” del aprobado y su reconocimiento paternal o el castigo del suspenso).
  • La obediencia es la “clave” del triunfo en el sistema.
  • Los medios te enseñan a odiar tu cuerpo, tu carácter…
  • ¿Y las religiones?. ¡Estamos manchados desde el origen de los tiempos!
  • Te introducen en un medio competitivo con unos valores que fomentan la frustración.

el mensaje de fondo es:

“Debes luchar por cambiar y algún día serás feliz”.

Si el amor es ante todo aceptación incondicional… ¿Entiendes por qué el pensar que nos odiamos no es una afirmación tan descabellada?.

La mentira del odio.

Vivimos pensando que debemos luchar para mejorarnos.

Mejorar nuestro cuerpo, mejorar nuestro carácter, nuestra situación social, poder adquisitivo, vida amorosa…

En esa lucha por mejorarnos, está implícito el odio que se nos han inculcado. Y puede que la “lucha” se convierta en el sentido de nuestra vida. Vivimos por una esperanza.

No me amo pero pienso que cuando consiga mis objetivos, me querré

Obviamente, nunca conseguimos el objetivo plenamente… Vivimos por una esperanza… Si se cumple, se acaba el “sentido de la vida”.

No sabemos lo que es de verdad una vida “amorosa”. Creemos que si nos aceptamos plenamente como somos, ya ¡no haremos nada!. En realidad, ni lo sabemos pues no hemos tenido esa oportunidad.

Pero el amor es también una fuerza de movimiento y de cambio. La misma acción, por ejemplo, una actividad física o espiritual, la puedes a hacer porque luchas por cambiar (odio a uno mismo) o simplemente porque sientes que te mereces lo mejor (autoamor).

Cuando se nos va de las manos…

Con el odio como motor de nuestra vida, estamos expuestos a mucho más… En principio es la semilla de nuestra insatisfacción. Aquello que nos hace sentirnos “antisistema”. Intentamos ser felices pero vemos que falla siempre algo.

Pero el propio sistema que nos inculca el odio, nos empuja más allá ofreciéndonos soluciones a la insatisfacción vital y haciéndonos profundizar más en ese odio:

  • Insistiendo en más lucha y culpa como solución. Nunca luchamos lo suficiente, nunca somos lo suficientemente “buenos”.
  • Nos inculcan adicciones, sustitutos de la felicidad que luego son usadas para culpabilizarnos más (drogas, pantallas, etc.).
  • Nos dan su visión del mundo y nos vuelven a culpabilizar.

Al final no convertimos en personas mentalmente inestables y adictos a algo.

En la actualidad, toca personas mentalmente enfermas (algunas medicadas) y adictas a las pantallas.

A mayor libertad mayor manipulación.

¿Qué podemos hacer?

Obviamente, ser antisistema.

Pero debemos tener claro que el sistema a derrocar es, fundamentalmente, o en primer lugar, el que está dentro de nosotros:

Debemos ser valientes y aprender a mirar dentro de nosotros mismos:

¿Cuál es la fuerza fundamental que mueve mi vida, el amor o el odio?

Una mirada sincera y valiente:

  • ¿Me gusta y me acepto como soy, o quiero cambiar algún aspecto de mi vida? ?
  • ¿Acepto a los demás como son? (si no es así, sobre todo con seres queridos, ¡mira mejor dentro de ti!. Solemos usar mecanismos de proyección).
  • Inculco el valor de “mejorar o cambiar” para “ser mejor” a nuestros hijos.
  • Censuro, en mi o en mis seres queridos, maneras de sentir o expresar los sentimientos o emociones.
  • Uso la culpa o el miedo para “educar” o manipular.

Si somos sinceros, veremos que el odio está muy presente en nuestras vidas. Es normal, hemos estado sumergidos desde la más tierna infancia en él.

No pasa nada.

Estamos desenmascarando el sistema.

Relájate. No es tan importante.

La lucha y la consecución de objetivos en un plazo es parte del procedimeinto del sistema.

Una vez que sabes que te odias, “odiarte más porque te odias no es la solución”.

Relájate. No es tan importante. Al final felices o no, todos morimos.

Sé juguetón, suave. Ya has probado la lucha para cambiar y eso no cambia nada.

El amor también tiene sus secuaces: la confianza es uno de ellos.

Pero ¿cómo me desconecto del sistema? ¿cómo me desprogramo?

Lo importante es dar el primer paso de mirarnos en nuestro interior.

Luego debemos buscar “nuestra manera”.

En otra entrada escribiré mis propias orientaciones, adaptadas al momento que nos toca vivir. Pero son personales y subjetivas. Igual ayudan a alguien, pero son , repito, personales

De momento hay algo de lo que estoy seguro:

No hay nada más antisistema que ser feliz y contagiarlo.

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